Publicidad:
Terra
La Coctelera

Próxima parada, tu corazón

Mañana será otro día, y será mejor.

28 Octubre 2011

No sabemos lo que queremos

 

Llevo varios días pensando que los seres humanos no sabemos lo que queremos, porque nuestro bien más especial, la conciencia, esa mezcla de inteligencia y alma, es, a la vez, lo que deja más en evidencia nuestros defectos y ruindades. Esa conciencia entra en contacto con nuestro otro valor: la voluntad, fruto de la libertad que nos caracteriza.        

Somos incorformistas (y eso puede ser bueno cuando se enfoca hacia una mejora) pero se convierte, sin embargo, en insatisfacción permanente, en no aceptar ni estar de acuerdo con nada, en poner pegas a todo y, en casos extremos, incluso en llevar la contraria porque sí.

Cada día encontramos ejemplos vívidos de esta incoherencia humana: tras el desalojo de la isla canaria afectada por la actividad volcánica que, afortunadamente, no ha ocasionado daños personales ni excesivos daños materiales, algunos vecinos se han quejado de que el desalojo ha sido excesivo. Me pregunto qué hubiera pasado si las erupciones hubieran tenido consecuencias para la población y las fuerzas de seguridad no hubieran actuado: estoy segura de que se habrían quejado diciendo que no hubo previsión, que se podría haber evitado... Pero claro, nadie está a gusto, nadie está conforme con nada. Esos mismos comerciantes y ciudadanos que se quejan de haber vendido poco esa semana o de haber malvivido fuera de sus hogares, quizá se hubieran quejado más si hubieran perdido a un ser querido o su propia vida, eso no se recupera.

En otros casos, sabemos lo que queremos (o eso creemos), pero no somos conscientes del alcance de nuestros deseos. Recientemente, ha reaparecido un famoso toro en una plaza castellonense para deleite de los aficionados a la muerte (no a los toros, que es otra afición que respeto mucho), porque los allí presentes confirmaban sin pudor que iban "a ver sangre" y que el animal, ya bastante placeado, les había decepcionado y había que jubilarlo. Que ya ha estado en muchas plazas, por descontado, que no debería haber vuelto a salir después de matar a una persona, por supuesto, pero la gente no se conforma con que dé emoción saltando y dando volteretas a los mozos atrevidos, no, la gente quiere sangre. Y me viene a la cabeza el valor catártico de las ejecuciones públicas a las que el populacho asistía enfervorecido y aplaudía al ritmo en que brotara la sangre en la guillotina o ardiera la carne en la pira.

Esta imagen de querer aquello que, en conciencia, solo puede calificarse de ruin me transporta a esa otra visión dantesca del cuerpo sin vida de Gadafi, cuyo cadáver ha sido zarandeado hasta la saciedad y exhibido sin contemplaciones, sangrando e inerte, retransmitido hasta la náusea. No cuestiono ni comento la muerte en sí, carezco de la formación suficiente para tener una opinión coherente, sino que aborrezco esa exhibición de la muerte, de la sangre...

No sabemos lo que queremos porque no somos conscientes del efecto de nuestros propios deseos, nadie se para a analizar si lo que quiere, le apetece o le gusta es ético, o responde a un ejercicio de conciencia.

 

Marta Pilar Montañez Mesas (26-10-11)

 

servido por martapilar sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de martapilar

Próxima parada, tu corazón

ver perfil »
contacto »
Hola a todos! soy una filóloga a quien le encanta escribir. En este viaje vital, he decidido hacer una parada con destino en tu corazón. Saludos!!!

Últimos comentarios

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera