Transparente
Transparente. Así es como dice la gente que soy. En vano buscamos a veces una palabra que nos identifique y son los demás, los que nos ven, con ese espejo que da el exterior, quienes mejor encuentran aquello que nos describe por completo. Algunos dicen que soy transparente porque no soy capaz de disimular mis emociones, porque se me nota enseguida si estoy enfadada, o triste, o preocupada, o las cosas me desbordan, o estoy inquieta, o nerviosa.
Que no crean que no intento disimular, pero me cuesta fingir que no estoy sintiendo algo. No es políticamente correcto, ni es adecuado socialmente exteriorizar lo que pasa por dentro siempre, por eso, lo que podría ser un signo de sinceridad, de ausencia de fingimiento, se interpreta por algunos como un gesto de debilidad, como no ser capaz de estar a la altura de las circunstancias o no saber contenerse.
No significa que vaya gritando por la vida, o que vaya llorando por las esquinas, o que vaya cabizbaja para que me pregunten. Significa que aunque disimule o intente, al menos, matizar ese estado de ánimo, cualquier gesto, cualquier mirada, cualquier mueca me delata. Y quienes me conocen, quienes pasan conmigo varios días, quienes conviven conmigo de alguna manera, acaban notando sin mucho esfuerzo cómo me siento. Me ocurre con mis alumnos, con mi familia, con los amigos que tengo más cerca, que me ven y ya saben que no estoy muy bien, porque obviamente los gestos que mejor se interpretan son los que traslucen sentimientos desagradables, los que no presagian nada bueno: la tristeza, la preocupación, los miedos... Todos estos afloran a mi rostro de una forma instantánea. Y me cuesta, ¡vaya si me cuesta disimularlos!
Nunca se me dio bien fingir, no he nacido actriz ni pretendo serlo, pero eso no implica que no me contenga casi siempre, que no me muerda la lengua cuando no es oportuno dejarla fluir libremente, que no esquive la mirada para no delatar mi disgusto, que no module mi voz para disimular mi enfado, que no deje de hablar para que no se note mi desconcierto evitando así un incómodo silencio. Las estrategias de la ‘disimulación', que decía mi amiga E., me las conozco todas y las pongo en práctica en sociedad, pero mis ojos y mi rostro son demasiado autónomos y no siempre puedo gobernarlos.
Otros dicen que soy transparente para los sentimientos tristes porque normalmente exhalo alegría y exhibo una amplia sonrisa, por eso son más llamativos mis silencios, mis gestos serios o carentes de simpatía, por eso destacan más mis miradas ausentes, por eso se me transparenta la tristeza, porque mi carácter optimista es tan claro, que permite que cualquier otro sentimiento, aunque incómodo, sea transparente.
Marta Pilar Montañez Mesas (26-7-11)
