Petardos 2.0
He llegado a la conclusión de que hay un señor que censura la venta al público de pólvora en Valencia hasta el día 1 de marzo. Hoy, precisamente, comienza el mes fallero para los valencianos y, con ello, un sinfín de actos festivos que nos amenizan (quienes me conocen saben que detesto esta palabra y toda su familia léxica, en especial, ameno y amena), mejor dicho, nos invaden durante 20 días. Exactamente eso es lo que dura el ‘abierta la veda' de petardos por las calles. Hasta ayer no se oía ni una simple bombeta: el más bajo miembro del escalafón petardil, apenas un saquito de vivo color con una pequeña carga dentro que suena de forma irrisoria cuando un bebé lo deja caer mientras su padre deja caer sus babas de orgulloso papá-fallero. La criatura ignora que ya no hay vuelta atrás, que ya es fallero, que lleva inscrito en el casal desde que fue concebido y su madre vio la primera ecografía, y ya tenía la tela encargada para el vestido (si era nena) o para el chaleco (si era ‘xiquet'). He dicho bebé, porque los niños (de 3-4 años para arriba) ya no tiran bombetas o cebolletas, sino chinos o estrellas, porque ‘las bombetas son para niños pequeños, yo quiero petardos de verdad', y el padre le endosa una mecha (cordón de un palmo, generalmente naranja, prendido de un cabo, con que van encendiendo las mechas de los petarditos).
El tamaño del petardo va creciendo a medida que el chaval lo hace y pronto participa en la despertà con masclets de verdad y quiere ser el que más cerca se ponga en la mascletà, la del barrio o la del ayuntamiento. Pero solo del 1 al 20 de marzo, ¡y esto es lo increíble! Durante el resto del año (llamémosle ‘no fallero'), se realizan muchas mascletàs y castillos, pero no suelen tirarse petardos en la calle, solo tracas en las bodas o en alguna celebración fallera aislada, pero no por costumbre, como si el resto del año los petardos estuvieran vedados o censurados. Desconozco si existe alguna ordenanza municipal que prohíba expresamente su uso fuera del ‘mes fallero' (lo dudo), por lo que la única explicación que el veo es la del señor que los censura, si no, con lo que nos gusta el ruido, no lo entiendo. Soy valenciana y he crecido con el ruido ensordecedor de las fallas, sus útiles calles cortadas, su masificación, pero también su emoción, la alegría de la música, la vida en la calle... En la balanza, gana lo bueno. Por eso me extraña la ausencia de sonidos falleros y, sobre todo, me sorprende que desde hoy esté escuchando petardos sin parar y hasta ayer era como si no existieses. Lo mismo me sucederá el 20 de marzo, la resaca se lleva el ruido, es como si se mojaran con el agua que apaga los últimos ninots y ya no ardiera esa pólvora, o ya no pudiera arder, porque ya sería agua pasada, fallas pasadas y ya no tuvieran que sonar.
Lo que me pregunto es qué pasará con los petardos en los próximos años con los que llaman ‘nativos tecnológicos' o ‘nativos 2.0', es decir, las generaciones que están naciendo ya en la era tecnológica y que no han conocido la tecnología anterior al siglo XXI, ¿jugarán en su videoconsola a diseñar y simular mascletàs? ¿sustituirán la mecha y el encendido del petardo por el ‘play' de la pantalla táctil? ¿perderán la emoción del petardo con la mecha prendida en la mano justo instantes antes de lanzarlo para que explote lejos? Es curioso que la tecnología ha podido sustituir nuestros sentidos más potentes (la vista y el oído), pero no los considerados más débiles (el olfato, el gusto y el tacto), pues, en efecto, todavía no hay ningún programa que nos acaricie, ni nos abrace, ni desprenda el olor de lo que estamos viendo, ni nos haga experimentar el sabor de un pastel fotografiado en una pantalla (de momento...). Si llega a existir un petardo 2.0, aunque quizá sea menos peligroso, no creo que sea tan emocionante, aunque seguro que ese sí sonaría todo el año y no solo en el mes fallero.
Felices fiestas a los falleros y ánimo a los currantes y a los no falleros que en unos días nos cortan Valencia y se pone un poquito más complicado ir a trabajar.
Marta Pilar Montañez Mesas (1-3-11)

silvia dijo
Me parece preciosa la reflexión sobre la nueva generación, somos jóvenes y sin embargo nos sentimos tan distintos a las nuevas generaciones, siempre sueño con un mundo en que los coches vuelan y en que las pinturas ya no son con lápices de madera, y la sonrisa me llega al pensar en que yo también tendré que pedir a mis sobrinos que me enseñen a utilizar "eso tan raro que no sé como funciona".
Gracias por el regalo de tu escritura.
Se te echa de menos por los pasillos del departamento.
Saludos y recuerdos!
4 Marzo 2011 | 12:10 AM