“Con lo que yo he sido”: del inexorable tópico 'tempus irreparabile fugit'
A menudo escuchamos a muchos recordar las viejas glorias, anhelar tiempos pretéritos, cuando la juventud permitía cualquier exceso, y la fortaleza aún no nos preocupaba porque aún no nos faltaba. Pero todo pasa y nada queda, que diría Heráclito, el tiempo fluye inexorablemente para todos y hasta el más fuerte, el más trabajador, el más enérgico, TODOS sucumbimos al transcurrir de la vida. Los topos relacionados con el paso del tiempo han sido profusamente estudiados (Garcilaso, Manrique, Quevedo, por citar algunos clásicos) y han calado también en el lenguaje coloquial: “con lo que yo he sido” es la expresión más espontánea del tópico literario expresado como cultismo por la retórica: tempus irreparabile fugit. Sin embargo, lo lamentable es que este dicho responda no a la incipiente vejez, del todo justificable, sino a la enfermedad, al menoscabo de las facultades físicas y mentales de una persona. Verse reducido en alguna de sus funciones es un castigo insufrible para quien hasta no hace mucho derrochaba energía y frescura. “Todo lo mudará la edad ligera / por no hacer mudanza en su costumbre”. No solo la madurez muda el estado físico de la persona, también su carácter, con la edad cambian nuestras expectativas, los sueños, las ilusiones, todo hace su mudanza y, con ello, todos dejamos de ser un poco lo que éramos, aunque siempre permanezca la esencia. Cuando ese cambio se acelera bruscamente, sin tiempo para asimilarlo, con un golpe de la vida: accidente, enfermedad o pérdida, no se entiende. El ser mortal comprende, aunque sea a duras penas, que su naturaleza es envejecer y morir, es decir, que el tiempo pasa para todos y se lleva nuestra lozanía y, finalmente, se llevará nuestra vida. Pero lo que no puede llegar a comprender es que no sea el tiempo el que nos quita la ilusión, la salud o la vida. No se entiende la muerte de una persona joven, ni que haya que vivir enfermo, ni que haya que sobrevivir a una enfermedad o accidente con secuelas. Sin embargo, somos tan inmensamente fuertes que aún sin comprender por qué tenemos que vivir así, sobrevivimos.
Para todos aquellos que sufren o han perdido la ilusión, la salud o a un ser querido prematuramente: vuestra supervivencia es nuestro ejemplo.

Alberto dijo
Profundo, con buenas referencias y muy sentido. Felicidades.
4 Noviembre 2008 | 12:17 PM