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Próxima parada, tu corazón

Mañana será otro día, y será mejor.

2 Septiembre 2008

La universidad de la vida

Hace unos días me he presentado a la oposición al cuerpo de profesores de enseñanza secundaria con un resultado poco satisfactorio. Después del esfuerzo y de los nervios, al no alcanzar los objetivos, la decepción y el fracaso se hacen, si cabe, más profundos. Lo primero que te planteas cuando decides ser profesor es ¿qué es ser profesor?, y ¿qué es la escuela? O, dicho de otro modo, ¿para qué sirve la escuela? En teoría, para enseñar, educar y formar futuros ciudadanos y personas, pero hoy en día, la realidad es otra, y la escuela funciona casi como servicio de custodia de los hijos mientras los padres trabajan.

Entonces recuerdo lo que siempre me dice mi padre, la escuela es la vida. Y verdaderamente tiene razón. Por circunstancias, no todos los de su generación pudieron estudiar, pero han aprendido a vivir, a trabajar responsablemente, han adquirido un oficio y un medio de vida para sacar adelante a su familia y no deberle nada a nadie, más que al propio trabajo y esfuerzo. “Yo no he ido a la escuela, yo he estudiado en la universidad de la vida”, qué gran lección y qué acertadas palabras, papá. Francamente, para vivir, para ser buena persona, para ejercer un puesto de trabajo con eficacia, no se necesitan, en la mayoría de las veces, tener unos estudios superiores, porque a vivir se aprende viviendo. Y las enseñanzas de la vida no fracasan con suspensos, sino con calamidades y fatigas, pero eso sí, nunca se olvidan.

A vivir se aprende viviendo y lo que no se aprende es porque no hace verdadera falta en la vida. Y hay lecciones que nunca acaban de aprenderse, porque nadie nos enseña a sufrir ni a ser felices de verdad en esta vida.

Para todos aquellos que aprenden a fuerza de vivir

y no con tiza y pizarra, entre ellos, mi padre.

Marta Montañez (24-7-08/ 1-09-08)

servido por martapilar 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Alberto

Alberto dijo

Bienacida, por agradecida. Besicos, preciosa.

3 Septiembre 2008 | 11:54 AM

martapilar

martapilar dijo

Gracias, Alberto, por todos tus comentarios. Un abrazo,
Marta Pilar.

3 Septiembre 2008 | 06:01 PM

Ángeles - Villarrobledo

Ángeles - Villarrobledo dijo

Cuanta razón tienes y que sabias son, como siempre, tus palabras, y en este caso, también las de Antonio. Es cierto que la escuela, sobre todo la secundaria, se está convirtiendo en un servicio de custodia.

Muchos de mis amigos me cuentan que alumnos que llevan varios años "aparcados" en centros de secundaria, que son promocionados sin alcanzar los objetivos, y que muchas veces son enviados a una cosa que se llama "diversificación", dinamitan sus clases, impidiendo el avance de los alumnos que si muestran interés. Éstos últimos, que prefieren ir la universidad, se esfuerzan durante al menos 6 años (los cuatro de la ESO y dos más de Bachillerato) , pero a los primeros ni siquiera parece que les interese mucho entrar en "la universidad de la vida". Que frustrante debe resultar para esos profesores intentar transmitir una serie de conocimientos que muchos consideran inutiles.

Yo, que de momento me gano la vida dando clases particulares de inglés, tengo la "suerte" de tener alumnos a los que les interesa obtener un buen resultado, pero en el fondo creo que sus padres sienten la necesidad de saber que estan invirtiendo un "buen dinero" en la "adquisición de conocimientos" de sus hijos. Es una pena que estos padres y, porque no, sus dirigentes no conozcan, o no quieran reconocer, la realidad de la educación en este país. Personalmente creo que "los profesores particulares" deberíamos desaparecer del mapa, porque un buen sístema educativo debería saber cubrir las necesidades y espectativas de sus "usuarios" , incluyendo en este grupo a padres, profesores y, por supuesto, alumnos, sin tener que pagar una cantidad adicional, que en muchas ocasiones supone un sacrificio, pero que se supera por haber estudiado en la universidad de la vida.

4 Septiembre 2008 | 01:27 PM

Marta

Marta dijo

Gracias, Angeles, por tu extenso e intenso comentario. Llevas toda la razón. Un abrazo.

4 Septiembre 2008 | 08:47 PM

Alberto

Alberto dijo

Con ambos progenitores docentes, me quejo de una cierta injusticia con el polvo de la tiza, que muchas veces no mancha menos que el del camino.

6 Octubre 2008 | 11:38 AM

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Hola a todos! soy una filóloga a quien le encanta escribir. En este viaje vital, he decidido hacer una parada con destino en tu corazón. Saludos!!!

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