Cuando la caridad se convierte en espectáculo
Cuando comenzó a emitirse Mira quién baila, se nos vendió un formato televisivo en el que un grupo de personajes famosos se comprometían a esforzarse en aprender a bailar para ganar un cheque con destino a una obra social o asociación benéfica. Eso era al principio, también nos vendieron Gran Hermano como un estudio sociológico y Operación Triunfo como un concurso de talentos para elegir al representante ‘eurovisivo’ español. Cuando nos acostumbramos a los programas solemos olvidar el planteamiento teórico inicial y nos dedicamos a despellejar a los concursantes, sean del tipo que sean.
Pero la caridad vende, y la imagen pública gana. Eso sucede en el programa presentado por Anne Igartiburu. Según apuntan la mayoría de informaciones en los medios de comunicación, algunos de los participantes de este programa cobran por participar en él. ¿Dónde está entonces la caridad? ¿Por qué no se destina ese “sueldo” a las entidades a quienes se supone que va dirigido el premio final?
Tan acostumbrados estamos a este tipo de cosas que ni nos las planteamos, pero al final siempre sucede lo mismo: los formatos que más se critican son a la vez los más imitados, aunque sean disfrazados de caridad y buenas obras. Cambian las formas pero no el fondo, y en el fondo, los programas siguen buscando un “producto” comercial. También ‘producto’ le llamaron a un triunfito hace unos días. Yo, sinceramente, hubiera cogidos mis trastos y me habría largado, porque un artista debe ser algo más que un producto comercial. Y si como le dijeron, ni siquiera valía como producto, ¿por qué lo habían elegido en un cásting tan riguroso? ¿Porque ser guapo vende? La bronca del publicista se la debería haber llevado la organización del programa, que es quien lo eligió, y no el pobre chaval, que solo está aprovechando su oportunidad.
En este caso, como en el resto de programas, cada cual quiere su cuota de pantalla y todo vale, mientras sea ‘vendible’. La solidaridad vende, y a menudo vemos reportajes de famosos en el tercer mundo, y galas o subastas benéficas con famosos cuya única aportación es su presencia, e incluso, a veces, ni eso, porque su solidaridad está comprada y se convierte en un espectáculo más que en un acto de caridad, pues los euros van al bolsillo equivocado.
Marta Montañez (23-10-06)

celemin dijo
Si realmente tuvieran caridad las televisiones, quitarían estos programas :-)
27 Octubre 2006 | 01:19 PM