Septiembre
Estamos en el mes de la vuelta al cole y todo eso, del síndrome post-vacacional (o lo que es lo mismo, volver a la rutina, que es como se ha dicho toda la vida, pero así no queda tan profesional). Y también es el mes de las matrículas. No, de coche, no, de las facultades. Colas interminables de pre-estudiantes, con la angustia de volver a los pupitres (qué rara suena está palabra, casi nadie la usa, solo en los colegios). En fin, que te esperan días de cuadrar horarios, pensarte optativas y absurdas asignaturas de libre elección, y de un papeleo infumable frente a funcionarios que parece que estos días vagueen incluso más de lo habitual.
Y llega el punto crucial de toda matrícula: ¿qué optativas me cojo? La primera opción es preguntar cuáles son las más fáciles de aprobar (tío, a esta vas y solo por ir te aprueban), y te apuntas de cabeza, aunque sea de 9 a 10 de la noche, qué más da. La otra opción es ir con tus amigos, ya que será un rollo, al menos, no te lo tragas tú solo. Tú te haces tu horario y piensas: ¡qué bien me ha quedao! Todo por la mañana y una por la tarde, pero después de comer, prontito. Vives feliz hasta el día en que te ha tocado matricularte. Llegas y te espera una cola increíble; y cuando ya casi te toca, viene y se te cuela una que vuelve de segundas porque a la primera se le olvidó un papel. Tú miras y lo llevas todo, si es que eres un crack. Pero, pobre ingenuo. Cuando entras, la mitad de tus optativas ya no existen, bueno, sí existen, pero para otros, porque los grupos ya los han cerrado. ¿Y ahora qué me cojo? La lista no es muy larga, ni muy amena, así que miras lo que tenga el horario menos malo. Cuando sales de matricularte tu horario se ha convertido en un conjunto desperdigado de asignaturas, que parece que las hayan echado al azar sobre el papel. Y tú miras el horario que traías de casa y te da una pena cuando ves que el lunes tienes que venir a las 8 de la mañana.... Lo malo es que no sales hasta las 8 de la noche, pero bueno... al menos no tienes clase el viernes por la tarde (¿o sí?) Lo compruebas en el horario por si acaso, pero no, ha habido suerte, no podía ser tan malo.
En ese momento solo se te ocurre tomarte algo en la cafetería a ver si se te pasa el mosqueo y te encuentras a tus colegas comparando sus horarios a ver quién lo tiene más chungo:
- yo tengo una de 2 a 4, comeré a las 12.30, como los ingleses.
- pues yo tengo “Intro” a las 9 de la noche, nada, me quedaré a cerrar la facultad.
Intro es en realidad la abreviación del nombre de una asignatura, porque la mayoría de materias universitarias tienen nombres larguísimos, que generalmente, y a pesar de su longitud, no explican de verdad en qué consiste la asignatura. Las más rollo suelen comenzar con sintagmas como “Introducción a...”, o “Principios generales de...”, “Origen y desarrollo de...”, aunque las peores suelen empezar por “Historia de...”, que te cuentan desde el principio de los tiempos cualquier materia por absurda que parezca. Los títulos más engañosos suelen decir algo así como “Teoría y práctica de...”, porque acabas copiando cantidades ingentes de teoría en apuntes eternos que te empeñas en tener completos, aunque luego solo estudies el día previo al examen.
Como el turno de matrícula es por nota, el empollón seguro que lo tiene todo seguidito y agrupadito (como tu primer horario), solo te falta que venga a restregártelo por la cara y a decirte:
- ¿Tienes Intro de 9 a 10? Vamos juntos, tío.
Y tú lo miras con cara de ¿te he preguntado acaso? ¿crees que me interesa? Pero por educación le contestas:
- Bueno, yo la tengo a las 9, pero de la noche.
Lo peor de todo no es la cara que te pone el empollón, sino que la matrícula vas a tener que pagarla enterita aunque tu horario dé pena.
(11-09-06)
