MONÓLOGO DE UN SOLTERO NO EMANCIPADO
Ando estresado, de exámenes, nervioso. Mi madre no me deja vivir. Como madre es intocable, pero como compañera de piso... es insoportable. Lo suyo siempre es más importante. Da lo mismo lo que tú estés haciendo: ella tiene la preferencia. Menos mal que no lleva coche, porque sería un peligro público. Una madre siempre tiene prioridad, hasta para lo más absurdo:
- Cariño, ¿estás haciendo algo? No me aclaro con esto. Tengo que colocar las camisas de tu padre, y no sé cómo, si las de invierno y las de verano, o las de diario y las de vestir, o las que se pone y las que no se pone...
Tú la miras con cara de “¡Qué me estás contando!” y le dices:
- Mamá, es que estoy estudiando que mañana tengo un examen.
- Bueno, pues nada, sigue.
Esta consideración de la madre es aparente, ella sigue pensando que lo suyo es más importante y que haces mal en negarle tu ayuda. A partir del momento en que no la ayudas y das una excusa (porque para ella no es una razón, es una excusa), estás condenado a cumplir esa excusa, ni se te ocurra ir a la nevera:
- ¿Qué haces?
- Es que tenía sed.
- ¿No estabas estudiando...? Mira como para eso sí tienes tiempo, claro.
- Pero mamá...
- Da igual, ya puedo yo sola. Nadie me ayuda, siempre tengo que hacerlo todo yo.
Ha conseguido hacerte sentir culpable, y lo peor es que lo hace a propósito. Se te ocurre llamar a un compañero para preguntar por el examen, para ver si sabe qué preguntaron el año pasado y tal (¿Cómo se te ocurre? ¿Cómo osas ausentarte de tu estudio?)
- ¿Qué? ¿Hablando por teléfono?
- [No, bailando claqué –piensas tú]
- ¿No tenías que estudiar tanto para el examen de mañana?
Ni siquiera pierdes el tiempo en explicarle que llamas por cuestiones del examen, total, no te creería. Prefieres colgar y no tener que dar tantas explicaciones. Una madre es como una novia, solo que no puedes llevarla a su casa y quedarte tranquilo: a esta la tienes en casa.
Al igual que las novias, las madres quiere atención absoluta, eres suyo, y por tanto, estás a su disposición:
- Hijo, llévame al centro que he quedado con unas amigas.
- Mamá, no puedo, tengo partido. Coge el bus o el metro.
- Siempre con los partidos, no sé ni cómo te dejo que juegues, que luego te lesionas y tengo que cuidar de ti.
Ahí es cuando tú piensas que, efectivamente, eres un estorbo para tu madre, según sus palabras, de tus lesiones no le fastidia que te duela, sino que tenga que estar pendiente de ti. Y eso te duele.
Pero lo peor, es que por alguna extraña razón, si una madre se lo propone y aunque seas inocente, te hace sentir culpable:
- Es que no me ayudáis, no tengo apoyo de nadie, no me regaláis nada, no tenéis detalles conmigo... A Fulanita sus hijos le han regalado bolso...
Ahí la tienes que interrumpir:
- Oye, mamá, que yo te regalé un bolso para tu santo.
- Sí, claro, para ir a la playa.
- Bueno, pero es un bolso, ¿no?
- A mí nadie me entiende, me tratáis como si estuviera loca...
Ya lo ha conseguido. Será por los remordimientos (o por no escucharla durante un rato), pero sales corriendo a comprarle algo, lo primero que encuentres, un bolso, para que no le tenga envidia a su amiga ésa de hijos maravillosos, cariñosísimos y todas esas tonterías. Tonterías, porque esos hijos son tus amigos, y son como tú, sin novia, pero con una madre más pesada que todas las cosas, que con tal de tenerla contenta, eres capaz de comprarle lo que sea. Un día me dijo un amigo que “madre no hay más que una, y menos mal”. Pues eso, que menos mal, aunque lo cierto es que no podríamos vivir sin ella.
(17-07-06)

Nusa dijo
jajaja...muy bueno.
Saludos
18 Julio 2006 | 11:39 AM