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La Coctelera

Próxima parada, tu corazón

Mañana será otro día, y será mejor.

Categoría: Al borde del camino

25 Octubre 2009

Y los sueños, sueños son

 

A veces se olvida que tú también sufres si yo sufro. Me dejo llevar por la confianza que tenemos y desahogo mis inquietudes sin pensar que te contagio mis tristezas. ¿Cómo disimular la frustración y la impotencia? No sé, soy demasiado transparente y tampoco he aprendido a fingir.

¡Qué difícil es asumir las propias limitaciones! Hay aptitudes que se tienen o no se tienen, y me cuesta (y he de confesar que me duele) reconocer las mías. Nunca he sido demasiado hábil, por eso he suplido con otras cualidades mi falta de talento físico y artístico, por decir algunos. Pero cuando algo de eso hace falta, surge como hacía tiempo no surgía el fantasma de las frustraciones, de los complejos, del querer y no poder o no saber, del esfuerzo sin la recompensa del justo aprendizaje, del llega al tope de tus posibilidades y no acercarse siquiera a un mínimo necesario.

Y a pesar de todo, ahí estás tú. Impasible, tendiéndome la mano del cariño desinteresado, sujetándome si voy a caer, haciéndome más fuerte con tu aliento y tu confianza en mí, más que la que yo misma me tengo. Gracias por todo lo que no sé expresar en palabras y que no sé si podré devolverte algún día.

Marta Pilar Montañez Mesas (25-10-09)

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6 Septiembre 2009

Tarde de septiembre

 

Tarde de septiembre, lluviosa y fresca, me acurruco bajo la sábana de algodón recién planchada, suave, con su aroma a limpio inconfundible de casa. Cierro los ojos, soñando con despertar distinta, feliz, sin las preocupaciones que estos días me aturden, tranquila, con las ilusiones intactas, recuperando poco a poco la vida que, en los últimos días, había estado interrumpida.

Marta Montañez (5-9-09)

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21 Enero 2009

Evaluación continua: exámenes, examinadores y examinados

 

Se ha iniciado oficialmente el periodo de exámenes universitarios y llegan las prisas porque todo se acumula: trabajos y prácticas de última hora, estudiar los últimos temas, repasar toda la materia, ponerse al día con los últimos apuntes... Todo lo último.

Todo proceso evaluativo, como bien saben los pedagogos y los profesionales de la didáctica, es complejo porque influyen una serie de aspectos que repercuten, se quiera o no, en el resultado que es lo que, en definitiva, se evalúa. Todo planteamiento metodológico trata de buscar la mejor solución para evaluar lo que se ha aprendido y la calidad del aprendizaje (la suma de lo que ya se sabía y de lo nuevo) y, así, surgen distintos modos de evaluar, aunque todos responden a dos cuestiones primordiales: qué y cómo.

Estas dos preguntas no reflejan sino la eterna dupla entre forma y fondo: la forma es el procedimiento (examen, trabajo, práctica, reseña, exposición, presentación...) y el fondo es el contenido, los conocimientos o técnicas adquiridos, según el caso. En general, no se recomienda utilizar un único procedimiento evaluativo, es decir, que el alumno no se lo juegue todo a una carta, normalmente, un examen escrito; pero diversificar los datos para evaluar al estudiante suponen un incremento de trabajo para el profesor que, además del procedimiento de examen habitual e imprescindible como comprobación del producto del aprendizaje, tiene que evaluar el resto de documentos o materiales presentados por el alumno.

Cuantos más datos posea el docente, mejor criterio tendrá para hacer una evaluación más ajustada a la realidad, pero, al mismo tiempo, mayor carga de trabajo se le acumula. Este es mi caso: al solicitar una o varias prácticas adicionales, teniendo en cuenta que el número de alumnos supera los 90, debo evaluar en estas fechas alrededor de 3000 folios con datos sobre lo que saben los discentes a mi cargo.

Esta cifra yo me la he buscado, porque creo firmemente que un examen (como producto del aprendizaje) no es suficientemente informativo sobre lo que sabe o no una persona. El trabajo en el día a día es fundamental para evaluar la capacidad de alguien, no solo lo que hace un día puntual. Una de esas fórmulas inventadas para evaluar mejor es la que se ha dado en llamar ‘evaluación continua', que, mal aplicada, no es más que una forma de evaluar el producto como suma de varios subproductos: en efecto, el resultado es la acumulación del proceso, pero eso no implica evaluar dos veces lo mismo. Me explico. Muchos centros de primaria y secundaria optan por preparar exámenes finales o hacia el final en los que, independientemente de las notas que se vayan obteniendo, se vuelve a evaluar a los estudiantes de los mismos contenidos. Es como si, una vez superado el examen teórico de conducir, nos volvieran a evaluar los contenidos teóricos en la prueba práctica. Es cierto que para poder presentarte a la práctica necesitas haber superado la teoría, pero no volver a evaluarte de ella. Por todo esto, considero que debe entenderse la evaluación continua como evaluación del proceso de aprendizaje, como obtención de datos en el día a día para determinar el resultado o nota final.

El examen final es insustituible, como hemos avanzado, pero insuficiente, puesto que confluyen diversos factores imprevisibles que pueden perjudicar al estudiante cuando, por desgracia, no puede demostrar lo que sabe en el ratito que dura la prueba. Así, no se puede perder de vista el estado anímico (preocupación, tristeza, ansiedad, nerviosismo...), la hora del examen (a primera hora, a media mañana, después de comer, a media tarde... no se hace igual un examen que otro), el estado físico (sueño, cansancio, dolor -de cabeza, de estómago, de espalda-, hambre, sed, calor, fiebre...), el lugar del examen (la distancia desde la que se acude, el posible desplazamiento, las condiciones de la propia aula de examen: temperatura, humedad, luz, incomodidad del espacio...) o, simplemente, se puede tener un mal día.

Tampoco hay que olvidar el funcionamiento de la memoria: se considera que, aproximadamente, en menos de una semana se pierde entre un 20 y un 40% de lo aprendido, y que, después de un examen, se pierde más del 60% de lo estudiado si no se refuerza ese aprendizaje adquirido. Por ello, el estudiante debe aspirar a la máxima nota posible, previendo esa pérdida que se produce desde que uno estudia o repasa hasta el momento de examinarse.

En definitiva, nunca se puede demostrar en una única prueba todo lo que se sabe. No hemos hablado de la suerte, que también la hay a veces: siempre hay un examen que bordamos aunque apenas lo habíamos preparado, o nos sale el único tema que nos habíamos estudiado, o se nos aparece la explicación divina y nos viene a la memoria una información utilísima en el momento preciso. De la suerte no voy a hablar en este artículo porque, de alguna forma, compensa las pérdidas que muchas otras veces experimentamos en los exámenes.

Den los últimos repasos, revisen, aunque sea por encima, todos los temas, por si viene la inspiración el día del examen, y comprueben el lugar, día y hora, que también se da el caso de quien se equivoca y pierde el examen por no estar atento. Mucho ánimo a todos, descanso, buen alimento y suerte, que para evaluar las pérdidas, como peritos evaluadores, ya estamos otros.

Marta Pilar Montañez Mesas (21-01-09)

 

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22 Diciembre 2008

Recomendación

Hola a todos:

Este nuevo artículo es temporal. Os recomiendo que visitéis el blog de un viejo amigo, el Chowman, que tiene fotos y artículos interesantes y enlaces a otros blogs bastante divertidos (http://elblogdelchowman.blogspot.com/).

Además, hasta el 10 de enero ha diseñado un concurso bastante divertido en el que se premiará a tres concursantes. Anímate que seguro que te entretendrás.

Un saludo a todos,

Marta Pilar.

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27 Mayo 2008

El amigo de siempre: calculando el tiempo restante…

Al llegar todavía estaba vacío, con ese aspecto de tugurio lóbrego que tienen algunos locales cuando aún no vas borracho o es de día. Nos abalanzamos sobre la mesa de billar, como si hubiera mucha competencia por ocuparla. Dejamos sobre una mesa, limpia, eso sí, nuestros bolsos y chaquetas y acudimos prestos a la barra en busca de la sutil cerveza, para que rebajase la suculenta cena de estilo italiano que acabábamos de disfrutar. Me abstuve de pedirme una, no por solidaridad abstemia, sino porque las varias jarras de sangría escanciadas entre porción de pizza y pincho de pasta empezaban a hacer efecto en mi poco acostumbrado estómago.

Poco a poco se fue llenando el local con gente de nuestra edad o más joven, más habituales de maxidiscotecas de diecisiete pistas, y nosotros nos fuimos animando serenamente. Al ambiente no le faltaba de nada: una mesa de escandalosa conversación, música casi imperceptible de fondo, una emocionante partida de billar con penetración indebida de la bola negra en el hueco inoportuno, una rápida partida de dardos, y hasta un perro, acostumbrado al bullicio, entre aburrido y melancólico, que arrancó unos aplausos cuando accedió a los estímulos del camarero y entresacó, de un abanico de naipes, la carta que un espontáneo del solícito público había preseleccionado. Buen truco, sin duda, que completó una noche sensacional.

Pero la velada había comenzado como de costumbre, esperando al de siempre en su portal haciendo bromas e intimidando al perro de un vecino, mientras la cena, en Moretti, lugar de confianza, nos aguardaba calentita a menos de una manzana de la casa del amigo (el de siempre). Y digo el de siempre en todos los sentidos: el amigo que siempre está (ahí cuando lo necesitas) y el de siempre en actitud, en este caso, aquel a quien siempre hay que esperar; el que dice ¡Ya bajo! y ya, aprovechando una metáfora de tono informático, solo se puede interpretar en tiempo Windows, permítanme el neologismo, es decir, ya, para el amigo de siempre, puede suponer 10 minutos, 127 minutos o 60 segundos, o, peor aún, que sea un tiempo indefinido y el amigo todavía esté calculando el tiempo restante.

Ojala los buenos ratos con los amigos, como los del sábado, se midieran en tiempo Windows y permanecieran siempre calculando el tiempo restante.

Marta Montañez (18-05-08)

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12 Marzo 2008

Me fallan las fuerzas

Miro por la ventana buscando una respuesta, y no hay nada. El vacío me impregna, me invade una sensación de soledad infinita, de sinrazón, de final del trayecto sin meta ni destino. Abro los ojos y, sin embargo, no veo nada. No hay camino. No hay destino. Mi ruta se acaba y no hay marcha atrás, no se puede desandar lo vivido. Miro sin ver y camino sin sentido. El viento me golpea la cara y tiritan mis mejillas de frío. Solo me queda el olvido.

¡Cuántas veces vemos la vida como un pozo sin fondo, como un túnel negro sin salida, como un inmenso océano, o mar, o puente, infranqueables! Me fallan las fuerzas, el ánimo ha huido, me siento sola, y no sé hacia dónde caminar ni en qué sentido. Por fin, cierro lo ojos y veo que solo tengo un amigo, Dios, mi apoyo, mi testigo. Que en sus manos encuentre el consuelo y en su amor encuentre el auxilio.

(Marta Montañez, 21-12-07)

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4 Diciembre 2007

Gracias a todos

Queridos todos:
Gracias por vuestra atención y vuestras muestras de cariño, por el afecto que me habéis demostrado y por estar siempre ahí. En los momentos difíciles se conoce (y se reconoce) a los amigos, a pesar de la distancia o del tiempo que uno lleve sin verse. Nunca es grato estar en un hospital y 13 días son muchos para quien no ha estado nunca con un familiar tan allegado como la propia madre. Por eso es justo agradeceros vuestros mensajes, correos electrónicos y llamadas de apoyo y afecto, de nuevo, GRACIAS. Sé que no pago con palabras todo vuestro cariño, pero no se me ocurre otro modo de hacer mi agradecimiento extensivo a todos.
Un beso y un abrazo enorme, os quiero,
Marta Pilar.
PD. Iré publicando cosas que tengo atrasadas y que no siempre se corresponden con mi estado de ánimo actual, pero que, al estar ya escritas, me da pena no publicarlas.

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19 Noviembre 2007

Amor y agua


Solo las cosas que me importan, me inspiran.

Todos los caminos conducen a Roma (ciudad del amor).

Todas las aguas conducen al mar (el amor mismo, y la muerte y la vida).

Marta Montañez (16-11-07)

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Hola a todos! soy una filóloga a quien le encanta escribir. En este viaje vital, he decidido hacer una parada con destino en tu corazón. Saludos!!!

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