24 Junio 2009
Me he dado cuenta de que la vida es un camino
que no se acaba aunque tropieces una vez.
Me he dado cuenta de que el destino
es ese camino que has de recorrer.
Me he dado cuenta de que el silencio
es el mejor amigo para no ofender.
Me he dado cuenta de que hay momentos
en que querrías desaparecer,
sin pensar en lo que atrás dejas
y sin soñar con lo que puedes llegar a ser.
Sueña, sueña despierta, pero sueña,
que sin sueños no hay vida, ni destino,
ni camino, ni trayecto por el que luchar,
que sin sueños no hay objetivos ni motivos,
ni metas por las que te tengas que esforzar.
Si no sueñas, no estás vivo,
sobrevives, sin más.
Vivir sin soñar no es vivir,
es sobrevivir nada más.
Para todos aquellos que han perdido las ilusiones o la confianza en sus posibilidades. Gracias Mila, Marta, María José, María, Lorena, Nadia y Juan por alimentar mis sueños.
Marta Pilar Montañez Mesas (24-06-09)
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25 Mayo 2009
La voz del pueblo ha sido el lema que muchos han argüido para justificar ciertas decisiones, opiniones o actitudes tomadas en el campo del arte, la sociedad e, incluso, la política, como si el pueblo o la colectividad tuviera capacidad de opinión en todas las materias y constituyera siempre un argumento de autoridad irrebatible. Contra esta postura otros han reaccionado despreciando la opinión del vulgo y lo han acusado de ignorante, cuando la materia tratada no podía ser competencia de esa mayoría lega y mera espectadora. Esa polémica lleva siglos abierta y hay pocas posibilidades de que termine algún día: ¿qué opinión es más válida: la del público en general, o la de los expertos de cada materia? Habría que precisar, eso sí, qué entendemos por ‘experto' y cómo se llega a serlo.
En la actualidad, la oferta (sobre todo, televisiva) se justifica también en la demanda de ese público o pueblo que aclama a unos nuevos líderes sociales, aquellos que disponen de la plataforma que otorga la televisión para irradiar sus opiniones por doquier con absoluta impunidad y, casi siempre, sin pudor alguno.
Así, ciertos programas dedican alguno de sus apartados o su totalidad a un modelo de tertulia donde participan diversos expertos y tratan sobre una materia determinada, generalmente, de índole política. Este espacio televisivo relativamente serio y formal ha servido de modelo a otros programas de entretenimiento donde personajes no expertos tratan temas de sociedad, prensa rosa y crítica televisiva. En este último grupo cabe destacar aquellos espacios casi spin-off de otros programas, esto es, el fenómeno que se produce, en este caso concreto, cuando algunos programas o concursos de convivencia retransmitida en directo, también llamados de telerrealidad, dan lugar a otros espacios de opinión y debate sobre el contenido, el desarrollo y los protagonistas de los primeros. Estos protagonistas suelen ser concursantes, que participan previo proceso de selección (ahora todo son cástines), para quienes esa fase previa parece autorizar al resto de programas de la cadena a que cualquiera pueda verter sus opiniones de forma crítica y mordaz sobre estos protagonistas, anónimos en principio, pero que adquieren una cierta fama temporal, efímera, pues dura aproximadamente lo que permanece el programa en antena. Una vez finalizado el programa, suelen realizar diversas actividades o bolos entre las que se incluyen asistencia a eventos o locales como relaciones públicas (o simple gancho) y, sobre todo, colaboraciones con esos otros programas de debate y tertulia que se generan en torno al concurso de turno.
La nueva figura de colaborador también se ha popularizado con estos programas, así como las llamadas tertulias de actualidad, espacios dentro de otros programas, especialmente magacines, en las que participan personajes que pertenecen o han pertenecido a esa prensa del corazón, ex concursantes de esos programas, y personajes que han tenido cierta popularidad y que aprovechan el tirón. Es decir, se da una cierta retroalimentación de unos programas en otros.
La novedad en los últimos tiempos radica, precisamente, en que no son expertos los que opinan libremente (algunos de esos ‘expertos' también se dedica a la crítica mordaz, especialmente en los concursos musicales), ni siquiera los tertulianos o colaboradores, sino que es el público el que se alza como voz autorizada para opinar de cualquier tema. No es nuevo el hecho de que el público participe (tanto el del plató como el de casa a través del teléfono, sea mediante llamada o mediante mensaje de texto), sino que lo nuevo es que lo haga con una pasmosa inquina disfrazada de libertad, pues las intervenciones traspasan la frontera de lo opinable y rozan el insulto en la mayoría de los casos. Se opina y se debate sin eufemismos, sin matizar las palabras que se emplean, con la crudeza de decir lo que se piensa y llamar a las cosas por su nombre sin respeto ni pizca de prudencia.
Este nuevo modo de criticar a la cara, y además en televisión, abre un camino en el que todo vale, en el que cualquier comentario está permitido. Sabemos que los participantes de estos programas acceden a ser criticados por los espectadores sin ningún tipo de restricción ni condiciones. Probablemente incluso se refleje en sus contratos, y firmen algo así como "el participante se compromete a acudir a cuantos programas sea invitado (excepto los de otras cadenas -claro está-) y a someterse al escarnio público y a cuantos insultos le dediquen los presentadores, colaboradores y espectadores de todos y cada uno de los programas", ¿no?
Algunos de los programas que permiten la participación y opinión libre del público sin regular el contenido ni la forma de las intervenciones, esto es, sin sancionar unas mínimas reglas de corrección y cortesía, casi diría de educación y vergüenza, son esas tertulias a las que hemos aludido, así como el ‘audiencioso' programa de búsqueda de pareja, en que los concursantes ya emparejados y el público de plató opinan (insultan) cuanto quieren, o el reciente programa repescado sobre conflictos legales que un juez resuelve, más desde la opinión que desde la jurisprudencia, en el propio plató de televisión. A todos estos concursantes y participantes no les basta con mostrar sus intimidades en público, sino que tienen que aguantar la sarta de comentarios, opiniones y críticas destructivas que cualquier les dirija; aunque imagino, como he adelantado, que quien va a estos programas ya sabe a lo que se expone, pero, sinceramente, no sé qué contrato puede compensar semejante escarnio público.
Público somos todos, y de una u otra manera, tenemos nuestra opinión de cada tema que nos interesa, otra cosa es que esa opinión nuestra personal trascienda el ámbito de lo privado y se convierta en opinión fundamentada por el mero hecho de difundirse en televisión.
Marta Montañez (20-05-09)
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13 Mayo 2009
A pesar de lo que pueda sugerir el título, no tratamos aquí de las diferencias de significado y procedencia en parejas de palabras de falsa variación morfológica (manzano-manzana, bolso-bolsa, barco-barca, ni otros claramente no emparentados pero-pera...) sino de los procedimientos selectivos para cubrir plazas de funcionario docente, dicho de otro modo, de los concursos-oposición.
En concreto, a fecha de 13 de mayo no ha sido publicada la convocatoria oficial en la Comunidad Valenciana, para el cuerpo de profesores de enseñanza secundaria, apenas un borrador provisional sin validez administrativa, meramente informativo, según el cual las pruebas comienzan el 25 de junio, es decir, apenas en mes y medio. Y, a menos de mes y medio para la prueba, los opositores desconocemos los datos concretos y oficiales, pues, como se ha anticipado, los documentos de que dispones son ‘informativos' y, proporcionados, además, por los grupos sindicales y no por la Conselleria d'Educació, órgano responsable de estas gestiones.
La gestión administrativa y la burocracia se organizan mediante plazos que los usuarios (sean estudiantes, opositores o ciudadanos en general) debemos respetar para ir cumpliendo con la normativa. Ahora bien, ante la falta de una publicación oficial de dichos plazos, los usuarios operamos con documentos provisionales, no definitivos, que pueden verse alterados por el único documento que se aplicará y que será inalterable (hasta que otro lo sustituya o reemplace) que es la convocatoria oficial.
Sin esa convocatoria oficial todo es trabajar y estudiar en el aire, con hipótesis, sin certeza de que lo que hay provisionalmente no vaya a cambiar en el último momento. Así las cosas, en caso de que algo se modificase, contaríamos con menos de un mes y medio (a fecha de hoy, pues sigue la cuenta atrás) para subsanar aquellos aspectos que habiéndose ajustado a lo provisional, no se adecuasen a lo oficial. Podría darse el caso de que hubiera entonces que replantear y reelaborar todo el trabajo de un año, concretamente, en la parte práctica.
Además de las cuestiones técnicas que contiene el documento y que orientan el desarrollo de las pruebas y el diseño de los documentos que han de presentarse, la publicación de la convocatoria oficial abre un conjunto de plazos que han de ir cumpliéndose siguiendo la normativa. El año pasado la convocatoria se publicó con fecha de 15 de abril y estamos a 13 de mayo, como mínimo no saldrá hasta mañana 14 (un mes más tarde, ¿no?). Una vez publicada, se abre un plazo para las solicitudes, otro para la publicación de la lista oficial de admitidos, otro para la subsanación de dicha lista, otro para comprobar los tribunales y su constitución según la norma establecida... Me pregunto si quedará tiempo material de ir cumpliendo esos plazos, o si se tendrán que replantear y convocar ciertos procedimientos de un día para otro, con el perjuicio que eso supondrá para los usuarios. Me pregunto si existe alguna cláusula en todo el aparato administrativo que regule los plazos mínimos para publicar una convocatoria con respecto al día de realización de la prueba, en efecto, sería de agradecer que, en previsión de posibles modificaciones de la normativa de una convocatoria a otra, se publicara con un plazo de entre tres a seis meses de antelación. Así, para unas pruebas que se celebran a finales de junio y durante el mes de julio, la convocatoria (oficial) se tuviera a principios de año. Lo demás es trabajar sobre hipótesis carentes de oficialidad.
Esperemos que la consecución de las plazas no se vea comprometida por la tardanza en los plazos, pues no soy nueva en esta plaza y para esta prueba ya es muy corto el plazo. En fin, ojalá que a corto plazo yo también tenga una plaza.
Marta Montañez (13-05-09)
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6 Febrero 2009
A veces no me salen las palabras,
se agolpan, se enredan, se ofuscan,
e incluso se marchitan
antes de que sepa pronunciarlas.
A veces no me salen las palabras,
a mí, que tanto hablo,
se me apaga un poco el alma,
me aturullo, me freno, me callo.
Como mucho, balbuceo, emito
sin sentido voces que no dicen nada.
A veces no me salen las palabras,
como hoy me ha pasado contigo,
que aún queriendo decir,
me he quedado callada.
Solo consigo decírtelo así,
con versos que quieren ser poema
y no son más que frases enlazadas,
con las que intento, en vano, gritarlo,
y apenas si te susurro "gracias".
A todos los que están ahí cuando más los necesito y, hoy, en especial,
a Sara, por su mirada de comprensión que, aunque silenciosa, me habla en voz alta.
Marta Montañez (06-02-09)
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21 Enero 2009
Se ha iniciado oficialmente el periodo de exámenes universitarios y llegan las prisas porque todo se acumula: trabajos y prácticas de última hora, estudiar los últimos temas, repasar toda la materia, ponerse al día con los últimos apuntes... Todo lo último.
Todo proceso evaluativo, como bien saben los pedagogos y los profesionales de la didáctica, es complejo porque influyen una serie de aspectos que repercuten, se quiera o no, en el resultado que es lo que, en definitiva, se evalúa. Todo planteamiento metodológico trata de buscar la mejor solución para evaluar lo que se ha aprendido y la calidad del aprendizaje (la suma de lo que ya se sabía y de lo nuevo) y, así, surgen distintos modos de evaluar, aunque todos responden a dos cuestiones primordiales: qué y cómo.
Estas dos preguntas no reflejan sino la eterna dupla entre forma y fondo: la forma es el procedimiento (examen, trabajo, práctica, reseña, exposición, presentación...) y el fondo es el contenido, los conocimientos o técnicas adquiridos, según el caso. En general, no se recomienda utilizar un único procedimiento evaluativo, es decir, que el alumno no se lo juegue todo a una carta, normalmente, un examen escrito; pero diversificar los datos para evaluar al estudiante suponen un incremento de trabajo para el profesor que, además del procedimiento de examen habitual e imprescindible como comprobación del producto del aprendizaje, tiene que evaluar el resto de documentos o materiales presentados por el alumno.
Cuantos más datos posea el docente, mejor criterio tendrá para hacer una evaluación más ajustada a la realidad, pero, al mismo tiempo, mayor carga de trabajo se le acumula. Este es mi caso: al solicitar una o varias prácticas adicionales, teniendo en cuenta que el número de alumnos supera los 90, debo evaluar en estas fechas alrededor de 3000 folios con datos sobre lo que saben los discentes a mi cargo.
Esta cifra yo me la he buscado, porque creo firmemente que un examen (como producto del aprendizaje) no es suficientemente informativo sobre lo que sabe o no una persona. El trabajo en el día a día es fundamental para evaluar la capacidad de alguien, no solo lo que hace un día puntual. Una de esas fórmulas inventadas para evaluar mejor es la que se ha dado en llamar ‘evaluación continua', que, mal aplicada, no es más que una forma de evaluar el producto como suma de varios subproductos: en efecto, el resultado es la acumulación del proceso, pero eso no implica evaluar dos veces lo mismo. Me explico. Muchos centros de primaria y secundaria optan por preparar exámenes finales o hacia el final en los que, independientemente de las notas que se vayan obteniendo, se vuelve a evaluar a los estudiantes de los mismos contenidos. Es como si, una vez superado el examen teórico de conducir, nos volvieran a evaluar los contenidos teóricos en la prueba práctica. Es cierto que para poder presentarte a la práctica necesitas haber superado la teoría, pero no volver a evaluarte de ella. Por todo esto, considero que debe entenderse la evaluación continua como evaluación del proceso de aprendizaje, como obtención de datos en el día a día para determinar el resultado o nota final.
El examen final es insustituible, como hemos avanzado, pero insuficiente, puesto que confluyen diversos factores imprevisibles que pueden perjudicar al estudiante cuando, por desgracia, no puede demostrar lo que sabe en el ratito que dura la prueba. Así, no se puede perder de vista el estado anímico (preocupación, tristeza, ansiedad, nerviosismo...), la hora del examen (a primera hora, a media mañana, después de comer, a media tarde... no se hace igual un examen que otro), el estado físico (sueño, cansancio, dolor -de cabeza, de estómago, de espalda-, hambre, sed, calor, fiebre...), el lugar del examen (la distancia desde la que se acude, el posible desplazamiento, las condiciones de la propia aula de examen: temperatura, humedad, luz, incomodidad del espacio...) o, simplemente, se puede tener un mal día.
Tampoco hay que olvidar el funcionamiento de la memoria: se considera que, aproximadamente, en menos de una semana se pierde entre un 20 y un 40% de lo aprendido, y que, después de un examen, se pierde más del 60% de lo estudiado si no se refuerza ese aprendizaje adquirido. Por ello, el estudiante debe aspirar a la máxima nota posible, previendo esa pérdida que se produce desde que uno estudia o repasa hasta el momento de examinarse.
En definitiva, nunca se puede demostrar en una única prueba todo lo que se sabe. No hemos hablado de la suerte, que también la hay a veces: siempre hay un examen que bordamos aunque apenas lo habíamos preparado, o nos sale el único tema que nos habíamos estudiado, o se nos aparece la explicación divina y nos viene a la memoria una información utilísima en el momento preciso. De la suerte no voy a hablar en este artículo porque, de alguna forma, compensa las pérdidas que muchas otras veces experimentamos en los exámenes.
Den los últimos repasos, revisen, aunque sea por encima, todos los temas, por si viene la inspiración el día del examen, y comprueben el lugar, día y hora, que también se da el caso de quien se equivoca y pierde el examen por no estar atento. Mucho ánimo a todos, descanso, buen alimento y suerte, que para evaluar las pérdidas, como peritos evaluadores, ya estamos otros.
Marta Pilar Montañez Mesas (21-01-09)
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22 Diciembre 2008
He de comenzar diciendo que no me gustan los diminutivos. En la mayoría de estudios filológicos se atribuyen al lenguaje infantil y al argot materno hacia los niños: ‘cómete el bocadillito’, ‘dame la manita’, ‘dale un besito al abuelo’, ‘¡ay qué pellizquito te voy a dar!’ Sin embargo, no es difícil de adivinar que, siendo hoy 22 de diciembre, me refiero a otro tipo de pellizquito, el diminutivo del pellizco de dinero que te puede tocar si has jugado a la lotería.
En efecto, hoy es el día de los pellizquitos. No de los cariñosos, ni de los achuchones, sino de preguntarnos unos a otros, en un afán comparatista sin igual, si nos ha tocado algo. Pocas veces conocemos a alguien a quien le haya tocado un premio gordo, pero gordo de verdad, en cambio, sí es habitual conocer a muchos a los que les ha tocado ‘un pellizquito’. Y yo me pregunto, ¿cuánto es un pellizquito? ¿a partir de cuánto se considera que te ha tocado un pellizquito? ¿cuándo una cantidad deja de ser un pellizquito para ser ‘un buen pellizco’?
Como sustantivo, pertenece al de los comunes y contables (un pellizco, dos pellizcos…), y, dentro de estos, a un grupo muy pequeño, finito, de los llamados imprecisos, que expresan una cantidad indeterminada: puñado, pizca, cucharada… pellizco. Este sustantivo nos permite expresar con humildad que ‘algo’, por poco que sea, nos ha tocado –y la humildad es cortesía– para no agraviar al otro si, comparando, ha ganado menos o no ha ganado nada. Así, si preguntamos y nos responden que les ha tocado ‘un pellizquito’, no debemos ofendernos ni pensar que oculta celosamente la cuantía del precio, sino que, o la cantidad no es generosa, o no quiere que salgamos perdiendo en la comparación (el pellizquito es, por lo tanto, un recurso de diminutiva cortesía).
En fin, en mi caso no habré de recurrir a este vocablo pues no compro lotería, por tanto, no me puede tocar nada, aunque quizá mi padre nos dé una alegría y traiga a casa ‘el pellizquito’ ese que nos anime un poco las Navidades. Si no, pues a seguir buscando, como en los cromos, que en la vida real significa algo así como ‘sigue trabajando’. Un beso a todos, felicidades a los que os haya tocado y ánimo a los que no, otra vez será. Feliz Navidad a todos.
Marta Pilar Montañez Mesas (22-12-08)
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22 Diciembre 2008
Hola a todos:
Este nuevo artículo es temporal. Os recomiendo que visitéis el blog de un viejo amigo, el Chowman, que tiene fotos y artículos interesantes y enlaces a otros blogs bastante divertidos (http://elblogdelchowman.blogspot.com/).
Además, hasta el 10 de enero ha diseñado un concurso bastante divertido en el que se premiará a tres concursantes. Anímate que seguro que te entretendrás.
Un saludo a todos,
Marta Pilar.
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15 Diciembre 2008
¿Quién me iba a decir hace casi 3 años, cuando empezó esta aventura bloguera, en enero de 2006, que a día de hoy tendría más de 5000 visitas en este pedacito de negro sobre blanco que es mi blog?
La presencia de alguien al otro lado es un deseo y una responsabilidad: tener algo que ofrecer, que compartir y que resulte atractivo, no es nada fácil. Además, este medio exige una constante actualización para mantener el dinamismo comunicativo y no estancarse en el estatismo de la página que permanece inalterable durante semanas, e incluso meses.
Lo bueno del blog es que la temática es tan libre que puedes ir colgando también documentos antiguos, aunque hagan referencia a personas o a situaciones que ya han perdido el valor de 'actualidad'. No obstante, siempre es preferible hacer referencia a hechos o realidades del presente inmediato, y ahora toca felicitar las fiestas y opinar sobre ellas. A ello voy.
Me gusta a medias la Navidad, como a casi todo el mundo, me gusta lo que representa, una lección de amor, pero me molesta en lo que se ha convertido: una excusa (como las miles que tiene el calendario laico: día de los enamorados, semana de los complementos, quincena de Turkinistán, mes del menaje...) para el consumismo y el 'comprar por comprar'; los Reyes se han convertido en una obligación, más que en un deseo de sorprender a alguien y de emocionarlo con nuestro detalle.
El otro punto de opinión frecuente en estas fechas es la tesitura en la que nos coloca la Navidad: la obligación moral de compartir mesa con personas, con las que no siempre hay confianza o buena relación: parientes lejanos, familia rencillada, jefes y compañeros insoportables... Pocas veces se destacan los reencuentros gratos, la vuelta a casa (sobre todo de hijos estudiantes, generalmente fuera de la localidad o en el extranjero), todo eso queda para los anuncios -otro tema recurrente también en estas fechas- en los que todos son felices y aciertan siempre con el regalo. Es verdad que no todas las familias están distanciadas, alguna queda todavía sin dividir por culpa de herencias o discrepancias de cualquier tipo, pero parece que los tópicos responden a lo más habitual.
Vista así, la Navidad se convierte en un tiempo de obligaciones añadidas: comprar regalos que gusten, organizar cenas de lujo con presupuestos de crisis, montar el belén (el portal, se entiende, no el follón), el árbol o lucecitas, compartir momentos con personas a las que no vemos habitualmente o con personas a las que no apetece ni saludar, fingir que estamos muy felices y que nos encantan los villancicos repetitivos en los centros comerciales rebosantes ("campana sobre campana", así, una sobre la otra, que deben llegar ya al cielo, por lo menos) de gente como nosotros, estresada, sin saldo y felicitándote la Navidad tres veces la misma semana "por si no nos vemos hasta el año que viene"... (ojalá, pensará alguno).
En fin, a mí sí me gustan los villancicos, pero los de los pueblos, y me encantaría volver a pedir el aguilando (que es como se dice aún en mi pueblo, en su forma antigua), y me gustaría volver a ver sentarse a la mesa a quienes ya la dejaron vacía, y regalarles el abrazo de despedida que no puede darles, y soñar con que quienes ahora la llenan, la ocupen muchos años.
Feliz Navidad a todos, os guste o no, y próspero año 2009, a ver si es mejor que este que, para mí, gracias a Dios, ya se acaba. Un abrazo y un beso a todos.
Marta Pilar Montañez Mesas (15-12-08)
servido por martapilar
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